EL PRINCIPITO

Si a un atlético le hablas del Principito, lo primero que se le viene a la cabeza no es el nombre de Antoine Saint Exupery, sino más bien el de otro Antoine de apellido Griezmann.

Llegó a un Atleti campeón en 2014, después de salirse en la Real Sociedad. Se pasó una primera temporada entrando y saliendo del banquillo. Ya que, de todos es sabido que con Simeone, te llames como te llames y hayas costado lo que hayas costado, el puesto de titular te lo tienes que ganar… y a Antoine le costó. Poco a poco comprendió lo que el Cholo quería de él. El caso de Griezmann es quizás el logro más grande de Simeone como entrenador en materia de jugadores. El talento natural de Antoine es más que evidente, pero es Simeone el que ha sabido sacar lo mejor de él y hacerle brillar. Por eso, entre otras razones, cuando se alejó del argentino para irse al Barcelona su rendimiento bajó de forma evidente, hasta el punto de pasar por el Camp Nou un jugador mediocre. Ya se lo decía su mujer, Érika Choperena, a la que nunca hizo gracia el fichaje por el Barcelona: “Aquí serás una leyenda, en Barcelona uno más”.

En su primera etapa como colchonero, Antoine se convirtió en una auténtica estrella. Su alegría dentro y fuera del campo y su buen hacer futbolístico lo transformaron en el ídolo de la afición rojiblanca. Brilló de tal manera , tanto con el Atleti como con su selección, que estuvo a las puertas de un balón de oro que llevaba su nombre y que no obtuvo por la misma razón que el Atleti no obtiene muchas cosas cuando el vecino rico anda de por medio. El Barcelona le rondaba de manera insistente y empezaron las tonterías de los que querían sentarle a la mesa de Messi y Cristiano, los impresentables vídeos para anunciar que se quedaba un año más, etc. Al final, tanto le calentaron la cabeza (su familia de Francia los primeros) que justo cundo el Atleti había hecho el esfuerzo económico más grande de su historia para pagar a un jugador (23 milloncejos de nada) y mantenerlo en su plantilla, llegó el ‘zasca” del francés, anunciando su marcha a ese que dice que es “mes que un club”. Los atléticos, viscerales nosotros, vivimos su espantada como una puñalada trapera e hicimos cruz y raya con el que hasta entonces había sido nuestro principito.

Pero Antoine fue el que más pagó por su error. En Barcelona no encontró la familia que tenía en el Atleti y, lo que es peor, pudo ver que el Dios del fútbol, Lionel Messi, no tenía la menor intención de sentarlo a comer en su mesa. Antoine no era feliz y es eso se traslucía en su juego. Las dos temporadas que pasó en el Camp Nou fueron un auténtico viacrucis para el de Mâcon, hasta el punto de que cuando el Barcelona empezó a pensar en traspasarle, Antoine se plantó y dijo que solo saldría para volver al Atleti, así que el Barça no tuvo más remedio que ceder y mandarlo de vuelta a Madrid.

Su segunda etapa en el Atleti no comenzó bien. Simeone, su padre futbolístico, y sus excompañeros le acogieron con los brazos abiertos, pero la mayor parte de la afición no le quería de vuelta ( yo entre ellos). Durante muchos partidos cada vez que sonaba su nombre por la megafonía o incluso cada vez que tocaba el balón, los pitos resonaban en el Metropolitano. Pero Antoine lo ha hecho muy bien. A Madrid ha vuelto un Griezmann mucho más maduro que a base de un trabajo increíble para el equipo, con humildad, y sin las estridencias y las tonterías de antaño, se ha ido ganando el perdón de la hinchada rojiblanca. No ha hecho apenas declaraciones, ha hablado donde lo tiene que hacer, en el césped. Y al final de cada partido, se gane o se pierda, se puede ver a un Antoine agradecido dando la vuelta entera al Metropolitano aplaudiendo a la afición… esa ha sido su forma de pedir perdón, la mejor que podía haber elegido para cerrar la herida.

Actualmente, Griezmann vuelve a ser uno de los jugadores más queridos del Atleti , se le ve feliz y ha vuelto a brillar… y no lo digo por el pelo fucsia brillante que le ha dado por ponerse, no; sino porque su fútbol vuelve a rozar la excelencia. Está en todas partes, cada vez que toca un balón se huele el peligro, se deja la vida en cada partido y por todo ello ha vuelto a recuperar su título de principe. De seguir así, pronto ascenderá al trono colchonero y se convertirá en el rey del Metropolitano. Gracias Antoine, te lo estás ganando.

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