Le he dado muchas vueltas a como titular esta primera entrada de mi blog… y al final me he decidido por titularla así: Pasión Inexplicable. Y lo he hecho porque este sentimiento, está pasión por el Atleti, me acompaña desde que tengo uso de razón y está en mis primeros recuerdos. Nací en unos años, los sesenta, en los que la afición al fútbol no era “algo propio de mujeres”. Vivíamos en un barrio próximo al Calderón y mi padre era un atlético de los pies a la cabeza. He llegado a preguntarme si será que este sentimiento se transmite genéticamente como el color de los ojos o la forma de la nariz, porque como ya os digo yo recuerdo ser del Atleti desde que tengo memoria. Fui hija única, con lo que mi padre no tenía en casa ningún chico con quien compartir su pasión colchonera… pero estaba yo. Nunca podré olvidar la primera vez que me llevó al estadio… el colorido, los gritos de la gente, las banderas al viento, el ambiente en general… me pasé el partido con los ojos como platos. Creo recordar que era un Atlético de Madrid-Las Palmas y ganó el Atlético 2-0. Me encantó la experiencia. Eso sí, salí del el campo muy extrañada de eso de los “vomitorios” y con la firme convicción de que se llamaban así porque la gente se ponía mala cuando el Atleti perdía e iban ahí a devolver… tardé un tiempo en enterarme de que no era eso.
Pasó el tiempo y mi interés por el Atleti ,y todo lo que le rodeaba, fue creciendo. Llegó nuestra primera final de Champions, entonces Copa de Europa, y de ella tengo el recuerdo de que fue la primera vez que vi llorar a mi padre. Desde entonces tengo atravesada esa competición y, como podéis imaginar, la cosa no ha mejorado con los años… por motivos obvios.
En mi adolescencia, yo iba a un colegio de monjas, mientras mis amigas y compañeras llevaban sus carpetas con fotos de Miguel Bosé y Los Pecos, la mía iba forrada de arriba a abajo con fotos de Leivinha, aquel brasileño rubio que trajo el Atleti junto con Luiz Pereira y al que daba gusto ver jugar al fútbol. Luego tuvo muy mala suerte con una lesión de rodilla y nunca volvió a ser el que era
Estudié Ciencias de la Información con la intención de dedicarme al periodismo deportivo, aunque la vida luego me llevó por otros derroteros. El gusanillo del periodismo me lo metió el mítico José María García. Con apenas 9 añitos, me dormía escuchándole en mi radio pequeñita , metida debajo de la almohada. Aprovecharé para deciros que, con el tiempo, el periodismo deportivo de este país me ha decepcionado enormemente, salvo casos excepcionales como es el de Ruben Uría, uno de los pocos valientes que quedan en este mundillo.
Y aquí estoy, muchos años después, comenzando este blog. Actualmente soy socia y abonada del Atleti y acudo al Metropolitano , cada partido, con mi hija que ha heredado el sentimiento colchonero. Tiene mérito, y de nuevo saco a colación lo de la “pasión inexplicable”, porque ella nació en 1995, y ha vivido unos años muy negros del Atlético, esos que pasamos hasta que llegó el Cholo, y con un padre madridista como el que tiene ( eso si, bastante light), era fácil que hubiera salido vikinga… pero no, es otra apasionada del Atlético.
Y yo creo que como presentación ya está bien, que ya me está quedando muuuuy largo, si os interesan las reflexiones de una colchonera acérrima, aquí me encontraréis. Os espero.

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