Es, sin duda, una de las leyendas de la historia del Atlético de Madrid. Para mí siempre será especial porque era el ídolo de mi padre… Estoy hablando de José Eulogio GÁRATE Ormaechea, el ingeniero del área.
Nació en Sarandí, Buenos Aires, un 20 de septiembre de 1944. Su madre dio a luz, por accidente, en tierras argentinas, durante una visita que estaban haciendo al abuelo de Gárate, republicano exiliado al otro lado del charco. Con muy pocos meses, en 1945, Gárate regresó a Éibar con sus padres y allí transcurrió su infancia, aunque no obtuvo la nacionalidad española hasta 1966.
Allí , en Éibar, empezó a jugar al fútbol y después fichó por la Sociedad Deportiva Indauchu. José Eulogio compaginaba su vida deportiva con sus estudios de ingeniería industrial. El Athletic de Bilbao intentó ficharle pero por aquel entonces, 1966, los equipos españoles no podían fichar extranjeros ( prohibición que duró hasta 1973) y si se nacionalizaba español tenía que hacer el servicio militar. Fue el Atlético de Madrid el que consiguió el “indulto” para él y que no tuviera que hacer la Mili… eso, unido a que en Madrid había Facultad de Ingeniería Industrial, decantaron su fichaje por nuestro club, ya como español.
Pronto se convirtió en una de las estrellas del Atleti, siendo pichichi hasta en 3 ocasiones, aunque empatado con Amancio, Luis Aragonés y Carlos Rexach, sucesivamente. Con nosotros ganó 3 ligas , 2 Copas del Rey, disputó la final del Copa de Europa de 1974, de infausto recuerdo, y ganó 1 Copa Intercontinental. Como internacional, Gárate jugó 18 partidos con España y marcó 5 goles.
Gárate ha sido uno de los jugadores más limpios y elegantes que han vestido la rojiblanca. Solo una expulsión injusta enturbia su inmaculado expediente. Fue el 1 de Mayo de 1976, en Sarriá contra el Español… el Atleti se jugaba la Liga, a falta de tres jornadas para el final, y un árbitro José Emilio Guruceta Muro ( un Gil Manzano de la época y después acusado de corrupción por la UEFA), tuvo la desfachatez de sacarle dos amarillas. La primera por protestar un clamoroso penalti a Leivinha, no pitado; y la segunda, por mover los labios y a más de 30 metros de distancia, interpretar el colegiado que eso era una desconsideración hacia su persona.
En la temporada 76/77, Gárate tuvo que abandonar el fútbol por una extraña enfermedad, un hongo que afectó a su rodilla. Tras retirarse del fútbol, ejercició su profesión de ingeniero industrial.
José Eulogio Gárate es uno de los jugadores que más huella dejó, junto con Luis Aragonés, entre la afición colchonera de su época. Todo un gentleman del fútbol.

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