A lo largo de sus 120 años de historia, cinco han sido las “casas” que ha tenido el Atlético de Madrid. En 1903, el primer campo que albergó los partidos del entonces Athletic Club de Madrid fue el llamado Campo de la Rana, junto al Retiro. Se trataba de un campo que ni siquiera estaba vallado. Solo contaba con una zanja a su alrededor para evitar que pudieran acceder los carros de la basura y depositar allí desperdicios. Como anécdota señalar que eran los propios jugadores los encargados de pintar las líneas y fijar las porterías. El segundo campo, llamado Campo de O’Donnell, estaba casi pegado al anterior y este sí fue vallado para así poder empezar a cobrar la entrada. De ninguno de estos dos queda constancia, en forma de placa o algo parecido, del lugar donde estuvieron, solo la memoria de quienes los conocieron y lo contaron , y alguna que otra fotografía.
En 1923, el entonces presidente Julian Ruete, realizó las gestiones oportunas para que el equipo pudiera utilizar, para sus partidos de local, el flamante recién construido Estadio Metropolitano. Y el 13 de mayo de ese año, con la Reina María Cristina en el palco, tuvo lugar el partido inaugural entre el Athletic Club de Madrid y la Real Sociedad, venciendo los locales por 2-1. Nada menos que 20.000 espectadores presenciaron el encuentro. Lo que más llamaba la atención de este campo era su famosa gradona, que se construyó aprovechando una peculiaridad del terreno y en la que cabían miles de espectadores. Pero este estadio contaba con una grada más llamada “el tendido de los sastres” , que no era otra que un montículo y un muro junto al Metropolitano, desde los que, quienes no tenían dinero para pagar la entrada, podían ver las evoluciones de los jugadores. Puntualizar que, entre 1940 y 1943, el Atleti tuvo que jugar de prestado en Vallecas mientras duraron las reparaciones del Metropolitano que había quedado muy dañado por las bombas de la Guerra Civil.

A mediados de los años 50, el Metropolitano ya se había quedado pequeño para albergar a la afición colchonera, por lo que el presidente de entonces, Javier Barroso decidió adquirir unos terrenos junto al río Manzanares, cerca del Puente de Toledo, y allí se comenzó a edificar el que sería el primer estadio de España con todas las localidades sentadas. Inicialmente fue bautizado como Estadio del Manzanares y se inauguró un 2 de octubre de 1966, ya bajo la presidencia de Vicente Calderón, cuya brillante gestión motivaría poco después que el estadio pasase a llevar su nombre.
Son 50 años los que el Atleti ha pasado jugando en el Vicente Calderón, un estadio que llegó a tener alma y espíritu, los que le imprimió la sentida afición del Atleti, a fuerza de pasión, alegría, tristeza, triunfos, decepciones, ilusiones… parecía, a mi al menos me lo parecía, que el Atleti no podía existir sin su Vicente Calderón… pero un día alguien decidió poner fin a esta historia de amor por motivos cuestionables pero a los que ya no merece dar más vueltas, y la afición colchonera se vio obligada a emprender su mudanza más dolorosa. Otra de las peculiaridades del Calderón era que una de sus gradas estaba construida sobre la M30, con lo que para evitar problemas de tráfico, su demolición se convirtió en una lenta agonía que los atléticos vivimos como el desmembramiento de un ser querido.

Y llegamos al nuevo Metropolitano en septiembre de 2017… un poco perdidos y desubicados. Nos encontramos con un estadio espectacular pero en el que todo nos resultaba ajeno. Está costando pero poco a poco lo vamos haciendo nuestro. Han pasado ya casi 6 años y , aunque esté costando, ya empezamos a sentir el Metropolitano como algo nuestro. Lentamente el espíritu del Calderón se ha ido instalando en las gradas de este flamante estadio del que los atléticos podemos estar orgullosos y ya se han vivido algunas de esas tardes y noches especiales que quedan en el recuerdo y en el corazón. Ahora el Metropolitano es nuestra casa.

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