Ayer lo volvió a hacer, salió del banquillo mediada la segunda parte y en el minuto 86, sacó la varita mágica y marcó un gol tras dejar sentados a dos rivales. El tanto levantó al Metropolitano y supuso la victoria para el Atleti. Es Angel Correa… la timidez, el trabajo, el sacrificio, siempre dando lo mejor tanto si sale de inicio como si lo hace desde el banquillo. Nunca una mala cara, nunca un mal gesto… solo trabajo y más esfuerzo.
La vida no le trató muy bien en sus primeros años. Nació en el seno de una familia muy humilde, en el barrio de Las Flores, uno de los más peligrosos de Rosario. Con tan solo 10 añitos vio morir a su padre, y con 12 a su hermano. Sus habilidades futbolísticas pronto fueron el principal ingreso que tenía su familia. San Lorenzo lo fichó para sus categorías inferiores, pero a Angelito le costaba estar separado de su familia, por eso era frecuente que se escapara a su casa, aunque siempre volvía porque en la pensión que le pagaba San Lorenzo tenía comida. En 2012 subió al primer equipo. Algunos le bautizaron como “Aladino”porque decían que hacía magia con sus pies. Fue por esa época cuando el Atleti de un recién llegado Simeone se lo trajo a España. Pero a Angel la vida le tenía reservado otro mazazo…
Durante el reconocimiento médico con el Atleti, los doctores le detectaron una anomalía cardiaca. El mundo se le vino encima al rosarino. Con menos de 20 años, podía significar el fin de su carrera deportiva. Entonces el comportamiento del Atleti fue impecable, de quitarse el sombrero con un jugador al que acababa de fichar, y eso Angel nunca lo olvidará. Se llevó al jugador a Nueva York y costeó la operación, a corazón abierto, para extirpar el tumor benigno que tenía albergado en la cavidad cardiaca. Luego se ocupó de su recuperación y posterior rehabilitación en Madrid y, seis meses después, Angel volvía a jugar.
Desde entonces, Angelito, un habitual ya en las convocatorias de Argentina, viene alternando titularidades y suplencias en el Atleti, pero siempre sin dejar de ser un hombre importante para Simeone. Es padre de tres preciosas niñas junto a su pareja Sabrina Dimarzo y vive feliz en Madrid. En el Atleti tiene asumido su rol sea cual sea y siempre intenta dar lo mejor de sí mismo… sin numeritos, sin estridencias, sin caritas… solo con trabajo, esfuerzo y agradecimiento… es Correa, el Angel del Atleti.

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